Spain is cada día más different

8/08/17|Gerardo Tecé

Me he ido de vacaciones y la que se ha liado con el turismo, ¿no? ¿Pero qué habéis hecho? España, el país que prefería mirar los bikinis de las suecas que el bañador de Fraga; el país que recibía con los brazos abiertos al turista extranjero, ese turista que traía dinero y aire fresco para quitar el olor a cerrado de un lugar que apestaba a cura y a militar, el país del Spain is different, ese país modernísimo… Pues nada, todo a la mierda. Así, de repente. Resulta que España ahora se ha pillado un rebote porque sí, de la nada, un siroco mental muy grande, por las olas de calor ha debido de ser, que nos ha hecho, de pronto y sin previo aviso, odiar a los turistas. Ya hay diagnóstico médico y todo: turismofobia es lo que tenemos. ¿No es flipante? A mí me lo parece.

Esto sería, básicamente, lo que he podido entender de los telediarios que miro estos días de reojo durante mis, precisamente, vacaciones por España cual guiri al que odiamos. Todo esto me ha provocado un gran desasosiego, claro está. No por mí, yo estoy de vacaciones, pero siendo español estaba tranquilo, sino porque a otros turistas como yo, sólo por haber nacido en países donde los genes te hacen rubio, algún loco de esos de los que tanto habla el telediario, pudiera hacerles algo.

Estaba tan preocupado con este asunto que llamé por teléfono a un amigo, uno que no está de vacaciones porque se ha quedado en la ciudad buscando piso en las afueras después de que su casero, parado de larga duración, le dijese que su piso se había convertido en un airbnb y que su sueldo de 800 al mes no es suficiente para vivir en esa zona. Él habría tenido más tiempo que yo para enterarse del telediario. Pero qué ha pasado para que ahora odiemos a los turistas, le pregunté. Y me contó que, efectivamente, según todos los indicios y el telediario, así, por la cara, en este país nos había entrado a todos ese virus de odio al rubio y que ni idea de por qué. Que en su caso, me dijo, contra el turismo no tenía nada, sino contra no poder vivir en la ciudad porque su sueldo había encogido y su casero necesitara ese dinero por estar en paro. No me convenció. Cuando dijo “turismo”, noté algo de resquemor en su forma de decirlo. Como este amigo no me aclaró nada, sólo aumentó mi preocupación, le mandé un mail a otro que vive en Alemania desde hace unos años por aquello de la movilidad exterior, a ver cómo se estaban tomando los alemanes que les odiemos así, tan de pronto. Me respondió que allí no sabían nada de este tema, pero que él intuía que, mientras nuestro odio fuera low cost, los alemanes no estarían muy preocupados. Para mí que lo de low cost lo dijo con algo de rintintín. Para intentar poner paz en esta revuelta de verano, me fui al epicentro, le mandé un wasap a una amiga, filóloga inglesa, que trabaja en un bar de la playa, precisamente rodeada de guiris, por 6 euros la hora. Intentó cobrar 10 cuando negoció el trabajo para dos meses, pero le dijeron que eso no era competitivo para la economía española y claro, ella que es patriota dijo que vale. Además, hay gente que está todavía peor, como el casero de mi amigo el que se ha quedado en la ciudad. A al fin y al cabo, además ella ha encontrado utilidad para sus estudios, usa mucho el inglés durante estos días. Así que esperaba encontrarla contenta y con ganas de reconciliación y no de odio. No, si yo no tengo nada contra los guiris, mi problema es ganar 6 euros la hora poniéndoles mojitos, me dijo. No me convenció mucho. Noté algo de resquemor cuando dijo “los guiris”. Así que sí, mi conclusión tras el sondeo entre amigos es que se nos ha ido la cabeza y que el telediario tiene razón. ¿Cómo podemos odiar a los turistas? Porque no nos engañemos, no es que este país sea de un tiempo a esta parte un descampao que sólo tiene actividad cuando un turista aterriza a disfrutarlo, ni un país empobrecido y con desigualdad que nos obliga a ser low cost, es que, reconozcámoslo, odiamos el turismo y a los turistas.

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