Desafío cromático contra España

8/11/17|Gerardo Tecé

España está viviendo días complicados. Tras el Desafío Soberanista, quienes quieren destruir a esta gran nación han vuelto a la carga de nuevo golpeando donde más podía doler: en la camiseta de la selección española de fúrbol, como diría su histórico presidente. El asunto no es de risa, el tema es grave. La estrategia anti española elegida en este caso ha sido tan cruel como sibilina: los enemigos de la patria han diseñado un complejo mecanismo cromático mediante el cual, la mezcla del azul con el rojo provoca un efecto por el que en la camiseta se percibe una leve tonalidad morada. Dantesco, que diría el otro. Las reacciones no se han hecho esperar. El Gobierno ya ha mostrado su malestar, la Federación Española de Fúrbol ha anulado la presentación de la camiseta, unos nazis calzando Adidas se han manifestado frente a la sede de la compañía pidiendo el boicot y Hermann Tegh… Terch… Trech… Thret… ya ha avisado de que esto podría ser la señal para que los comunistas asalten España. Y no es para menos. La politización del deporte, como nos recuerdan cada año nuestros dirigentes cuando llega la final de Copa de Su Majestad el Rey, es inaceptable.

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Desde Lío Pardo confiamos ciegamente en que el pueblo español, el Gobierno, la Fiscalía y Rosa Díez montada a caballo, harán todo lo posible para que tal aberración se detenga y se corrija. Porque si este ataque de la marca bolchevique Adidas contra España siguiese adelante, en el próximo mundial de Rusia -¿Casualidad? No lo creo- nos encontraríamos situaciones apocalípticas en las que los españoles de bien serían víctimas de un ensañamiento inhumano.

Si la bolcheviquización llegase vía efecto cromático a la selección española, el bombo de Manolo el del bombo sería expropiado por el Estado para que Juan Carlos Monedero se lo llevase a hacer batucadas a alguna mani. El himno de España de antes de los partidos del mundial tendría letra, una letra en la que probablemente se hablaría de campesinos, igualdad y mierdas así, en lugar del chunda-chunda-chunda que nos une a todos en torno a un mensaje conciso. Y hay más. En lugar de José Antonio Camacho, los partidos de la selección los comentaría por la tele Paula Vázquez y las crónicas de Marca las haría Willy Toledo desde Cuba, Venezuela o donde le pille.

El panorama es desolador. Los títulos conseguidos por la furia española no serían paseados de forma elegante por el Palacio de la Zarzuela y ofrecidos a Su Majestad el Rey, sino que la copa ganada serviría como recipiente para que algún colega de Pablo Iglesias mezclase vino con coca cola en algún portal de Lavapiés. No podemos permitirlo. Si el efecto cromático no se detiene y la selección gana partidos y pasando de fases, podríamos llegar a encontrarnos con esto.

Siéntense:

Final del mundial de Rusia. España-Brasil. Vamos empate a cero. Minuto 90. Córner para España. Suben a rematar los chicos más altos y españoles que el seleccionador tiene a mano. Nube de futbolistas en el aérea, saltos, aparece una cabeza que toca el balón y… GOOOOOOOOL de España. Yo soy español, español, español… Mientras te abrazas con otro patriota en el bar, te giras hacia la tele para ver la celebración en el césped y de la maraña de piernas, brazos y cabezas que celebran el gol, emerge Piqué más contento que un niño coronando un castell, porque ha sido su cabeza la que ha colado el balón en la red. Cuando se te ha caído la cerveza al suelo y miras fijamente la tele con la boca abierta y una arteria a punto de colapsar, ves que Piqué se dirige hacia una cámara que enfoca a ras de césped su cara. En escala 1:1 el momento glorioso del segundo mundial de España lo resume la cara de Piqué iluminada por el color morado.

Podría colapsar el servicio de urgencias. Por la salud de los buenos españoles, detengan esta barbarie.
Seguiremos informando.

FOTO: https://twitter.com/Els_quatre_gats/

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