Siete cosas que haces en misa y odio profundamente

15/02/17|Diostuitero

1. Sacar el móvil.
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Es cierto que ahora estoy en Twitter también, pero me parece una falta de respeto que mientras yo estoy ahí clavado de pies y manos y no puedo tuitear vosotros estéis ahí dándome envidia enfrente de mis narices.

2. Toser.
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Sobre todo ahora en invierno. Pero es que además elegís los momentos más inoportunos. No toséis con las canciones, o cuando os dáis la paz, que hay más alboroto, no. Toséis justo cuando la consagración, el momento cumbre de la ceremonia, cuando el sacerdote eleva mi forma con sus dos manos y se produce el milagro de la transustanciación. Ya, ni siquiera sabéis de qué hablo. Otro momento que os encanta es cuando el cura pide unos momentos de silencio para hacer repaso de los pecados, no puedo con vosotros. Ahí os debéis de poner nerviosísimos porque el concierto de toses es imparable.

3. Preguntar cuánto queda.
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Esto lo hacen principalmente los niños, a los que perdono, y los que vais poco a misa. Es muy común en bodas, bautizos y comuniones, donde aparecéis los no practicantes, o sea, todos.

4. Dormir.
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Lo malo de poner la misa el domingo es que hay jóvenes que salen el sábado por la noche y vienen habiendo dormido muy poco. Y claro, un sermón de quince minutos sobre la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios no es un tema muy apasionante que digamos.

5. Hacerse arrumacos.
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Esto lo hacen principalmente parejas de adolescentes en celo que empiezan a salir y se comportan peor que Paquirrín en el balcón del McDonalds durante la Semana Santa. Que está bien quererse, pero os vuelvo a decir lo mismo que en punto uno: ¡dejad de darme envidia!

6. Desperdiciar el agua bendita.
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Hay algunos que son peor que críos. Es ver la pila de agua bendita y volverse locos. ¡Venga santiguarse! ¡Con una vez vale y no hace falta coger medio litro con los dedos! ¡Que luego el cura tiene que volver a bendecir más y gasta los superpoderes!

7. Largarse dejando al cura con la palabra en la boca.
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Las últimas palabras que tiene que decir un cura en la misa son las de la bendición. Ya sabéis: “Podéis ir en paz….” Porque una vez que el personal ha recibido la fórmula mágica huye despavorido hacia los bares más cercanos a por el aperitivo. Y claro, queda muy mal que el pobre sacerdote os esté hablando de que no sé qué historia de la hoja parroquial o de tal o cual iniciativa de Cáritas y vosotros abandonando el local como si hubiese alarma de incendio.
Así que ya lo sabéis. ¡Os veo el domingo en misa, espero!

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