El rapto de Dina, una historia del heteropatriarcado

15/03/17|Diostuitero

Hoy os voy a contar una de las historias más bonitas que trae la Biblia, el rapto de Dina, concretamente en el libro del Génesis, que además de lo de la manzana y el Arca de Noé cuenta unas cosas muy interesanes.

Un tal Jacob, uno de los patriarcas más famosos de la Biblia ( lo siento, la Biblia es puro heteropatriarcado) tenía doce hijos varones, por supuesto, que luego darían lugar a las legendarias doce tribus de Israel. Pues bien, además de este equipo de fútbol, Jacob tuvo una hija con una de sus dos mujeres ( sí, Jacob se tomó muy en serio lo de “Creced y multiplicaos”, y era un poco bígamo además), a la que puso por nombre Dina.

Tras diversas aventuras (leed mi libro sagrado si queréis conocerlas), Jacob se convirtió en un inmigrante irregular y se fue a vivir con toda su familia a un lugar llamado Siquén.

Su hija Dina salió un día a dar una vuelta por el campo y tuvo la mala suerte de encontrarse con el príncipe de la zona, que curiosamente también se llamaba Siquén, y éste la violó.

Siguiendo las normas que yo mismo doy en mi libro, que dicen que el que viole a una mujer puede luego casarse con ella pagando 50 siclos de plata, Siquén le dijo a su padre Jamor que pidiese a Jacob la mano de Dina, pues estaba enamorado de ella. Tan tranquilo, Jamor fue a hablar con Jacob y los del equipo de fútbol y no solo les propuso que Siquén desposase a Dina, sino que  también todos los de su familia desposasen a las hijas de la familia de Jacob y ellos a las suyas, emparentando y compartiendo esa tierra, ya que sus relaciones habían tenido un comienzo tan simpático.

Siquén además decía que estaba dispuesto a pagar la dote y los regalos que fueran con tal de obtener a Dina.

Ya digo que en la Biblia esto era lo corriente y lo que yo mismo establecí. Pero a los hermanos de Jacob no les había hecho gracia que Siquén violase a su hermana. Que una cosa son las normas así en general y otra cuando te tocan a la familia.

Así que acordaron engañar a Siquén y su padre Jamor. Les dijeron que no podían aceptar el trato porque ellos eran gente circuncidada, a no ser que ellos se circuncidasen también.

Jamor y su hijo Siquén aceptaron encantados, y no solo eso, sino que hablaron a los hombres de la ciudad que gobernaban, ordenándoles que se circuncidasen todos, cosa que hicieron sus súbditos. Debió de ser una jornada digna de verse.

Al tercer día, cuando más dolores tenían, dos de los hijos de Jacob (los otros diez se debieron quedar entrenando para el próximo partido), Simeón y Leví, tomaron cada uno su espada y entrando en la ciudad desprevenida, mataron a todos los hombres, y pasaron también a cuchillo a Jamor y al violeta de Siquén. Se apoderaron de sus ovejas, vacas y asnos, y se llevaron como botín a todas las mujeres y niños, que en la Biblia tienen el mismo valor, saqueando lo que había en sus casas.

Y narra mi libro sagrado esta conversación:

“Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví:

-Me habéis puesto en gran aprieto , haciéndome odioso a los hombres de esta tierra, a los cananeos y a los pereceos. Yo cuento con pocos hombres. Si se unen contra mí, me vencerán y me aniquilarán a mí y a mi familia.

Pero ellos replicaron:

-¿Hubieras preferido que trataran a nuestra hermana como a una prostituta?”

No se habían leído la Biblia.

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