Cuando tuvimos tres Papas

13/09/17|Diostuitero

¡Menuda tenéis liada con el referéndum de Cataluña! ¿Os imagináis que el Gobierno de España suspende de sus funciones a Puigdemont pero éste tal y como ha anunciado no se da por aludido? ¿Y si de pronto tenemos dos presidentes de la Generalitat? ¿O ninguno?

A mí todo este embrollo me recuerda a cuando llegamos a tener tres Papas a la vez. Fue dentro de lo que se llamó el Cisma de Occidente, que comenzó en 1378 y acabó en 1429. Os lo cuento rápidamente.

Resulta que durante buena parte del siglo XIV, y gracias a la influencia de los reyes de Francia, la sede del Papado se había trasladado de Roma a Aviñón (Francia). A mí me daba igual, no en vano yo soy de Belén y morí en Jerusalén, y nunca me hizo demasiada gracia que después de las faenas que me hicieron los romanos luego llegasen los cristianos y pusieran mi sede en Roma. ¿Es que no había otro sitio?

Como os digo, a mí me daba igual Aviñón, que Burgos, que Alpedrete, pero a los romanos no. Deseaban recuperar el Papado cuanto antes. Eso de tener al representante de Dios en la Tierra en tu ciudad siempre ha dado mucho caché. Así que en el cónclave de 1378 los cardenales eligieron a Urbano VI como pontífice y éste dispuso la vuelta a la sede romana. Aunque al principio habían apoyado esa decisión, un grupo de cardenales franceses dio marcha atrás y eligieron por su cuenta a otro Papa, Clemente VII, que se instaló en Aviñón. Y así estuvo Europa, con dos Papas, sin saber muy bien a quień hacer caso, o mejor, haciendo caso al que le convenía: Francia a Clemente e Inglaterra a Urbano. España estaba como Ada Colau, que ni sí ni no, sino todo lo contrario.

Pasaban los años, se sucedían los Papas en cada sede, y la cosa no se arreglaba, hasta que finalmente se celebró el Concilio de Pisa en 1409 para tratar de solucionarlo y entonces ya fue cuando se lió del todo: el Concilio decidió deponer a los dos Papas del momento (el famoso “Papa Luna” Benedicto XIII de Aviñón y Gregorio XII de Roma) y nombró a Alejandro V. Pero los otros dos no se dieron por aludidos y en ese momento la Iglesia tenía ¡no dos, sino tres Papas!

Al final la cosa se arregló casi del todo en otro Concilio, el de Constanza, de 1415, con la renuncia de Gregorio XII, y el nombramiento dos años después de Martín V. Benedicto XIII, sin apoyos, decidió irse a la playa, a Peñíscola, donde se estaba tan bien que allí pasó refugiado el resto de su vida. Eso sí, allí estableció la sede de su Papado, porque el tipo no se dió nunca por vencido. De ahí viene la expresión “mantenerse en sus trece”, pues era muy pesado Benedicto XIII. Era tan plasta que no murió hasta los 94 años. Y sus partidarios todavía le nombraron un sucesor, Clemente VIII. Este ya sí, en 1429, abdicó en Martín V. Por fin el Cisma había finalizado.

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